Esta información se publicó en EL MUNDO el pasado 26 de junio del 2000. ¿Cuántos años tendremos que esperar los vascos para que las jerarquías del Estado español admitan sus torturas a las vascas y los vascos?


      Un general admite que el Ejército francés torturó en Argelia

      Una superviviente relata la brutalidad empleada por los soldados en la guerra

      ROBERTO MONTOYA. Corresponsal


      PARIS.- «Francia debe asumir su pasado», dijo durante su reciente visita a París el presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, en alusión a los crímenes cometidos por las tropas francesas durante la guerra de liberación de Argelia. Su inesperada denuncia no sólo sirvió en ese momento a Buteflika para defenderse atacando frente a las críticas que recibió en Francia de parte de políticos, organizaciones humanitarias y medios de comunicación por las sistemáticas violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en su país. Pese a que ningún miembro del Gobierno ni ningún líder político recogió el guante lanzado por Buteflika, sus palabras no cayeron en saco roto.

      Coincidiendo con su visita a Francia, Le Monde publicó una entrevista realizada en Argel a una mujer argelina, Louisette Ighilahriz, ex combatiente independentista, quien testimonió con lujo de detalles cómo fue torturada brutalmente en dos regimientos franceses tras ser capturada por el Ejército colonizador el 28 de septiembre de 1957 en Chebli, a 30 kilómetros de Argel. Unica mujer del comando del Frente de Liberación Nacional al que pertenecía, integrado por nueve personas, la joven, que tenía 20 años en el momento de ser detenida, fue trasladada herida de bala al cuartel general del Estado Mayor de la 10º división de paracaidistas, situado en Paradou Hydra, en Argel. El responsable máximo de esa división era el general Jacques Massu.

      Como resultado de las torturas sufridas durante meses, esta mujer, premiada con numerosas condecoraciones en su país por su papel en la guerra de independencia, quedó con una grave minusvalía motriz.

      Su caso de por sí no puede resultar extraño, ya que la tortura y las ejecuciones sumarias fueron una práctica cotidiana que utilizaron las tropas francesas en Argelia -como en otros países- para intentar frenar el proceso independentista. Son numerosos los testimonios y los libros escritos sobre ese periodo y muchas las denuncias realizados por la prensa francesa de aquella época, que hubo de enfrentarse por ello a numerosas querellas judiciales.

      «Síndrome de Vietnam»

      Sin embargo, 38 años después de la independencia de Argelia, Francia parece no haber superado totalmente su particular síndrome de Vietnam. Bastó que un presidente de la Argelia independiente hablara por primera vez en casi cuatro décadas ante el Parlamento francés y dijera lo que dijo, para que el tema comenzara a calentarse.

      Le Monde siguió el tema, logrando entrevistar tanto al hoy general retirado Jacques Massu, como a su camarada, el general en la reserva Marcel Bigeard. Este último negó todas las acusaciones y aseguró que las acusaciones eran «puras mentiras», «parte de una maniobra». Massu adoptó otra actitud. «Sé que no le gusta [a Bigeard] que yo reconozca que se practicaba la tortura en Argelia, pero no puedo no reconocerlo», dijo. Massu asegura haber visto al general Bigeard «cuando interrogaba a un detenido con la gégène», versión francesa de la picana latinoamericana, la temida tortura con fuertes descargas eléctricas.

      «La tortura formaba parte de un cierto ambiente, aunque se habrían podido hacer las cosas de otra forma», reconoció Massu. Este militar dice no recordar haber dado órdenes de tortura a Louisette Ighilahriz ni de someterla a abusos sexuales, pero no tiene empacho en decir que «en algunos de los interrogatorios que se realizaban en los diferentes regimientos se torturaba y en otros no». «El principio de la tortura era aceptado, pero personalmente yo me ocupaba de otras cosas». «¿La tortura es indispensable en tiempo de guerra?», le preguntó Le Monde y Massu contestó: «No, la tortura no es indispensable en tiempos de guerra, se puede obviar perfectamente».

      Ante la petición de varios investigadores para que se abran los archivos del Ministerio de Defensa sobre ese periodo, el general Michel Berlaud, portavoz adjunto del Ministerio, dijo que sólo se podrán desclasificar 60 años después de los hechos (dentro de 22 años), «porque contienen informaciones que afectan a la seguridad del Estado y a la defensa nacional».

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